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Mi vecino es Alba Cecilia y sus personalidades
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Martes, 15 de Mayo de 2007 11:15

 

La periodista, la doctora, la hermana mayor y la mamá

Alba Cecilia y sus personalidades


Esta periodista de la UCV con 25 años de graduada, conductora del programa de televisión En vivo y del programa radial Estamos en Kys se muestra tal cual es

Texto: Marisabel Dávila
Fotos: Celina Morffes

edicion20_mivecina1Espero el encuentro con Alba Cecilia Mujica -debo confesar que con una imagen en mi cabeza de una mujer moderna y un poco adicta al trabajo-. Cuando logro comunicarme por su teléfono celular sale la contestadora con una voz bastante dulce y algo atolondrada, que jocosamente anuncia al solicitante que es mejor seguir intentando pues, si la conocen, no suele oír sus mensajes.
Su amigo y compañero de trabajo, Sergio Novelli, me cuenta que Albita, como sus amigos le dicen, es una loca desatada por su espontaneidad. Sin embargo, nadie cuestiona su desempeño como periodista aguda y sagaz.
Sergio asegura que Albita es quien le recuerda a cada momento los cumpleaños y deberes sociales, “tienes que poner que es regañona, se la pasa regañándome”, asegura el periodista, con voz de niñito orgulloso de su hermanota.
Alba Cecilia Mujica empezó su carrera en RCTV como productora de “Fantástico”, para luego pasar a formar parte del equipo de reporteros de la unidad de asuntos especiales en el programa “Testigo Presencial”, donde compartió labores con Sergio, quien desde entonces se ha sentido como su hermano menor.
Llego al encuentro con Alba Cecilia luego de vencer los infranqueables controles de seguridad de Globovisión, me recibe ataviada en un fresco pantalón teñido a lo hippie y un suéter que le confiere la elegancia necesaria para salir ante las cámaras. Atuendo que habla de la mujer que lo porta: una madre y ama de casa que espera el primer fin de semana para huir a la playa, de las noticias que diariamente sigue y nos transmite.
La risa es lo segundo que sigue a su presentación, una risa fresca y profunda de ésas que hablan de personas amantes de la vida, dionisiacas, que tienen la capacidad de encontrar la felicidad en los pequeños detalles que precisamente pueblan su nueva casa en Caurimare: un bodegón de Jorge Dager o un peñero a punto de hundirse de Calderón, que dan calor al espacio que habita Alba con su esposo Leo y su hijo de ocho años, Daniel.
Es una madre dedicada, de las que se sientan tardes enteras a tratar de hacer figuritas de origami, y cuyos resultados desastrosos llenan de placer a su hijo que, aunque es ciertamente más diestro que la mamá, aprecia la rara capacidad que tiene para dejarse llevar por el juego.
Enternecida por la candidez de una periodista que se presentaba en mi imaginación como una mujer mucho más dura, termino de caer ante sus encantos y dejo de lado cualquier seña de profesionalismo al reírme de su dulce compulsión por recetar fármacos y curar a cuanto enfermo se le plante en frente, pues ella misma asegura ser “un médico frustrado, hasta me dicen la Doctora Mujica”.
Aunque tiene sonrisa y alma de gordita que ama las tortas, Alba Cecilia es bastante coqueta y dedica una hora todas las mañanas a un masaje reductor, que recibe al salir de su programa matutino con Sergio en Kys FM. Luego llega a La Florida para trasmitir su programa en televisión.
Al salir del programa, Alba sale rauda y veloz: es tan suertuda que logra esquivar todas las colas. Desde que vive en Caurimare asegura tener más tiempo para llegar a casa y sentarse junto a Dani, a ver desde su ventana cómo el resto de los caraqueños mortales dejamos la paciencia tras el volante.
Es en este ambiente donde la personalidad secreta de la Luisa Lein venezolana se desarrolla, librando batallas con “su hijo negro” -un labrador llamado Trueno- y “su hija blanca” -una labrador llamada Bandida-, y persiguiendo los sueños de Daniel para recrear con sus ojos verdes de gata, aventuras siempre playeras.
Lo único que la saca de esta paz casera es el vuelo diario de los helicópteros que salen del aeropuerto de La Carlota rasando las casas de Caurimare. Seria, aprovecha el espacio para hacer una denuncia formal; luego vuelve a posar divertida para las fotos sin dejar de echar cuentos.
Alba observa el reloj, ha vuelto a su personaje de Luisa Lein y anuncia que debe regresar al programa, se me cae la fantasía de haber estado hablando y tomando café con una vieja amiga pero, aunque lo evite, salgo con una sonrisa complacida por la simpatía de una mujer que demuestra lo que predica “tener disposición para lograr que las cosas salgan bien”.



 

 
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