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Familia de Calle Imprimir E-mail
Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 11:22

Texto: Thor Hué Trotta

Viajando entre las sombras que arrojan los bellos árboles del Boulevard,  librándome un poco del calor de este agosto que pasa, haciendo un poco de turismo local con la vista abierta hacia lo desconocido; llama mi atención una escultura al otro lado de la calle ubicada en una pequeña redoma en la entrada de Santa Paula. Me acerco para tomar una fotografía, aprovechando el cielo azul  y tratando de llevarme a casa un nuevo conocimiento del vecindario donde vivo.  No me sorprende que la escultura no tenga siquiera una plaquita identificando al autor y la obra, pero se ven restos de pegamento en una de las caras del basamento dejando claro testimonio que en un momento si la tuvo – vaya problema el ocio mal orientado – (pienso).
Valiéndome de la falta de título de la creación artística mi mente viaja buscando uno,  cuando subo la mirada mis ojos contemplan la belleza y mis angustias palpitan; divagando, se me ocurre no tan solo encontrar un nombre, sino también aparece una excusa para poder escribir este pedazo de papel.
Ella sostiene la vida que hasta hace muy poco nadaba en su vientre, él rodea con su brazo derecho la cintura de ella brindándole cobijo, amor y protección; los tres observan desde arriba, firmes, incansables, soportando el ruido de los vehículos que los rodean día tras día, aguantando las inclemencias de un clima descontrolado, analizando los rostros de las gentes que pasan; su techo el cielo infinito, y ellos siempre juntos y en el mismo lugar.  No se escuchan sus palabras pero imagino que nos gritan una de las frases primeras de aprendizaje escolar: “LA FAMILIA ES LA BASE FUNDAMENTAL DE LA SOCIEDAD”…
No tienen bienes materiales, ¡pero se tienen!, no tienen nada que aparentar.  En su silencio mudo y de metal anhelan ser comprendidos y vistos, desean ser ejemplo de una comunidad que al paso desesperado del tiempo y un supuesto avance espiritual, colgaron sus estudios de un clavo y casi todos salieron del hogar, provocando la desintegración de la célula, trayendo caos, perversiones y falta de humanidad.
Quiero dejar este relato pseudo poético hasta este punto y dejar un poco más claro a modo de reflexión un pensamiento que me mueve desde hace algún tiempo y que se me alborotó al apreciar a esta “Familia de Calle” inmóvil sobre un pedestal.
Estamos viviendo en carne propia el descalabro de un modo de organización social que desde donde se mire llama desesperadamente por nuestro auxilio.  Divorcios a la orden del día, agresiones psicológicas, verbales y físicas entre familiares y parejas de “enamorados”, hijos de padres separados criándose inmersos en una total confusión, madres solteras a tempranas edades (niños criando a niños, embarazo precoz), una falta total de orientación sexual en adolecentes y ni hablar de los adultos, consumo indiscriminado de alcohol y drogas en cualquier clase social, violencia generalizada en la calles y avenidas, ansiedad y stress como primer plato, confrontación política, racial y religiosa, abuso en el uso de tecnologías modernas (tv, internet, juegos de video, celulares), olvido de las artes manuales u oficios técnicos, supresión casi total de la lectura como medio de aprendizaje, desinterés e incomprensión del arte en todas sus expresiones, consumo, consumo, consumo, uso irracional de la razón, abandono casi absoluto del espíritu y el corazón.  
Es lugar común en estos tiempos hablar de cambio - ¡y vaya que cambiamos! – pero el cambio que es algo natural e indetenible debiera ser canalizado “uno a uno”, volvernos controladores – directores de nuestros cambios, constantemente, incansablemente, siendo observadores de todos los movimientos de nuestros pensamientos, engendrando cada uno de nuestros actos (privados y públicos).
El amor no es un concepto teórico definido y delimitado por unas cuantas frases y lemas hermosos; el amor debe ser asumido como una práctica natural recurrente, más en la acción que en la palabra, de inmediata puesta en práctica que consiga regocijo en el bien de los demás y en el nuestro propio, no olvidando jamás que somos individuos individuales pero necesariamente viviendo en colectivo.
Escribo estas líneas no con la intención de dar recetas ni mucho menos cual debe ser la forma correcta de actuar, tan sólo ruego por el despertar de la atención del buen lector que tome un tiempo en cavilar y que cada quién descubra a su modo, ese único don que tenemos de manera espontanea y natural, que es vivir en amor hasta nuestra última exhalación.
Esa “Familia de Calle” que fue la excusa de estas palabras, ¡se hace en casa!, se hace regando nuestras propias costumbres, nuestros rituales, alrededor del fuego de la cocina, viviendo en compasión por todos los seres vivientes, abonando con humildad nuestros más simples actos, re aprendiendo la hospitalidad, siendo justos y solidarios, dándole espacio al desarrollo de nuestro verdadero carácter, satisfaciendo el deseo creativo, haciéndonos firmes, rectos, alegres, bondadosos, viviendo en espíritu y en razón, acercándonos a la naturaleza de la cual formamos parte y la olvidamos, trabajando por el bien común, liberándonos de dogmas e ideologías y regresando a los ideales del hombre, separando la confusión, los vicios, las angustias, los temores y los deseos, percatándonos de la volatilidad y fragilidad de la vida, respetando a nuestros pares, colocando el valor de la verdadera amistad como símbolo único de unión, comprendiendo más las cosas lejos del intelecto, sintiendo y dejándonos guiar por los latidos del corazón que por él reloj, enseñando a nuestros hijos a ver la vida lo más sencillo que se pueda y aprendiendo de los adultos que ya vivieron de esa simpleza y dulzura que implica el llegar a la edad madura con un camino bien hecho, sabiamente disfrutado, lleno de paz y de amor.
“Ser humano, no es más que serlo”.
Gracias a la escultura sin nombre que en este día se me atravesó y me permitió poder expresar algunas ideas para ser compartidas.
P.D.: (Ofrezco mis disculpas al autor de la obra por renombrarla, tan sólo fue un juego que me permitió escribir este texto, pero sería interesante colocar de nuevo la placa identificativa para dar justo reconocimiento a talentos que supongo son de por estos lados. Si alguien sabe cuál es el nombre y el autor favor ponerse en contacto por este email, Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla , a ver si de alguna manera logramos volver a colocarlo, Gracias).

 

 
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